Plantaba tabaco y ahora emprende con el turismo

Delia Sales Dos Santos, hija de inmigrantes brasileños quienes llegaron al país con un sueño, logró reconvertirse a fuerza de trabajo, convicción, fe y sacrificio.

La industria del turismo que confluye en las chacras; es decir, el agroturismo, crece dando pequeños pasos en Misiones, pero tiene detrás a colonos sacrificados y muy esforzados que no dejan de soñar un futuro mejor para sus hijos y nietos.

El ejemplo de Delia Sales Dos Santos, hija de inmigrantes brasileños es un fiel reflejo de la lucha por reconvertirse del tabaco a fuerza de trabajo, convicción, fe y sacrificio para encontrar una salida laboral experimentando en la veta del turismo en la chacra.

Junto a su esposo, Aldo Da Rosa, quien es también un pequeño productor tabacalero no paran de trabajar para embellecer sus cabañas en “El Buen Descanso”, situado a unos 20 kilómetros de El Soberbio, cerca de Paraíso, en el portal de los Saltos del Moconá.

“Tuve una vida muy dura desde niña con mis hermanos, pero siempre estaba en mi corazón el deseo de salir adelante con mis proyectos y lo que hice fue luchar cada día para procurar una vida mejor para mis hijos”, contó en charla telefónica con Eco&Agro.

Ella no dudó en hacer cada trabajo que le ofrecían para continuar abriéndose paso, primero fue empleada doméstica, luego casera, para poder permitirse ahorrar con su esposo, con quien siempre “vamos a la par”, destacó.

Con esos ahorros, los emprendedores compraron un terreno apto para plantar tabaco y así poder seguir soñando con algo mejor.

Con solo 18 años, Delia y Aldo comenzaron a producir tabaco, “que a decir verdad era lo único que nos traía el alimento y también un rendimiento para nuestro hogar”, recordó.

Así pasaron 30 años, pero en medio de ello, por invitación de una amiga que emprendía en el turismo, la productora se entusiasmó con poder acondicionar su chacra para recibir visitantes.

“Empezamos de a poco, con lo que teníamos, pero a medida que veíamos que funcionaba arrancamos a acondicionar la primera cabaña”, acotó.

Delia también recordó que, como todo en la vida de un pequeño productor, las cosas no eran nada fáciles.

“Esto se trató de apostar a un sueño, porque en verdad las cosas no fueron nada fáciles y cuando cayó tanto la actividad que estuvo a punto de desaparecer había que aguantar” recordó, muy feliz de haber creído y sembrado en buena tierra.

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